Ha llegado el momento de explicar cómo se calculaba el ángulo de ceñida antes de iniciar la maniobra.
Gracias a la relación del eje del portulano, que nos permitía establecer que la distancia recorrida sobre dicho eje era igual que 0,8 por la diferencia de longitudes, el piloto sabe que ha llegado al meridiano donde debe iniciar la ceñida, así que lo primero que hace es situar correctamente el punto sobre la carta midiendo la latitud tal y como expliqué en el post anterior.
Uniendo ese punto P con el puerto de salida mide directamente el ángulo  porque allí se situó la primera proyección ortodrómica y los ángulos sobre la carta y sobre la superficie terrestre son iguales; lo mismo ocurre con el ángulo Î que es donde se situará la segunda proyección; pero el ángulo Ê que es el ángulo con el cual la nave ataca al meridiano de ceñida no puede ser medido sobre la carta porque la segunda proyección es válida únicamente para la zona este de la carta. Pero el cálculo es sencillo.
Por un lado del cuadrante llevamos la latitud real del punto P, mientras que por el otro llevamos el ángulo  hasta obtener ese punto que aparece dibujado en la figura de más arriba y que unimos con O. Borrados los arcos que estorban:
Llevamos la latitud del puerto de salida y la proyectamos hacia la recta anterior. Trazamos una línea horizontal y donde esta corte al cuadrante tenemos el valor del ángulo Ê.
El piloto ya tiene todos los datos y sabe cuál es el ángulo teórico de ceñida para tomar la dirección hacia el puerto de llegada.
Dejando a un lado dirección real del viento y desviaciones de la corriente, para la realización de la maniobra el piloto siempre va a necesitar de un compas, un punto fijo en el horizonte durante el tiempo que dure la maniobra, y la calamina que mantenga la alineación de la aguja del compás con ese punto fijo, aquellos que haya seguido las regatas del Desafío Español habrán oído como al ceñir en cualquiera de las boyas, el táctico mediante un compás seguía al otro regatista y a la boya y decidía el momento óptimo de bajar el spin y comenzar la maniobra. Y ha habido ceñidas de auténtico escalofrío. Las naves iban equipadas con los mejores equipos informáticos, pero el factor humano sigue siendo tan esencial como en el Medievo.



